
Por Ramón Oniel Jimenez Rodríguez (Agrimensor)
Durante el año 2024, compartí una investigación en la que exploré un archivo eclesiástico fundamental en el Cibao. Este hallazgo me permitió constatar cómo nacían los pueblos y cómo se registraban las propiedades, aportando datos inéditos a la historia catastral dominicana.
En esta pausa de Semana Santa, ideal para reflexionar, quiero hablarles sobre la Iglesia católica tras la llegada de los españoles. Es parte de nuestra serie sobre la historia de la agrimensura (que ya cubrió desde Marco Aurelio hasta después de Cristo), dejando el camino listo para explorar pronto la Edad Media y el Renacimiento.
Tras la llegada de los españoles, la Iglesia Católica no solo fue una fuerza espiritual, sino el motor administrativo y territorial de América.
Este periodo es clave por tres razones:
- Las Bulas Alejandrinas: El Papa Alejandro VI actuó como el «agrimensor supremo» al trazar la Línea de Demarcación (el meridiano a 100 leguas de Cabo Verde), dividiendo el mundo entre España y Portugal.
- Reducciones y Misiones: La Iglesia organizó el territorio en cuadrículas perfectas. Al asentar a las poblaciones indígenas, los misioneros aplicaron conceptos de trazado urbano y división de parcelas para el cultivo comunal.
- El Control del Suelo: Las órdenes religiosas (especialmente jesuitas y dominicos) se convirtieron en los mayores propietarios de tierras. Sus registros de capellanías y censos son, básicamente, los primeros catastros detallados de la región.
Más allá de su función religiosa, la Iglesia católica operó como el actor económico y administrativo predominante durante el periodo colonial. Su capacidad de fiscalización y control territorial se articuló bajo los siguientes ejes:
4.Las Congregaciones de Indios
Para facilitar la evangelización y el cobro de tributos, la Corona y la Iglesia implementaron las «reducciones» o congregaciones.
- a) Reordenamiento: Se obligó a las poblaciones indígenas dispersas a vivir en pueblos trazados al estilo español.
- b) Control territorial: Esto permitió a la Iglesia identificar qué tierras quedaban «vacantes» (según la visión colonial) para ser reclamadas por la propia Iglesia o por colonos.
5.El «Pre-registro» a través de los Libros Parroquiales
Mucho antes de que existieran catastros civiles modernos, la Iglesia llevaba el control más estricto del territorio mediante:
- c) Capellanías y Obras Pías: Donaciones de tierras hechas por particulares a cambio de misas por sus almas. Para legalizarlas, la Iglesia redactaba escrituras que funcionaban como un registro de propiedad primario.
- d) Diezmos: El cobro del 10% de la producción agrícola requería que la Iglesia supiera exactamente quién poseía qué tierra y qué producía en ella.
6.La Iglesia como Institución Hipotecaria
Al no existir bancos, la Iglesia era la principal fuente de crédito.
- e) Censos: Eran préstamos garantizados con tierras. Para otorgarlos, la Iglesia realizaba un avalúo y deslinde de la propiedad, creando un archivo cartográfico y documental que servía como registro de la propiedad de facto.
- Conflictos de Jurisdicción
Este poder generó roces constantes entre el clero y la Corona (especialmente con las Reformas Borbónicas), ya que la Iglesia acumuló las mejores tierras agrícolas (tierras de «manos muertas»), las cuales permanecían fuera del mercado y del control fiscal estatal.
Un dato importante a resaltar: con la bula Inter Caetera (1493), Alejandro VI no solo actuó como autoridad espiritual, sino como un árbitro geopolítico global.
Al trazar esa línea imaginaria, buscaba evitar un conflicto armado entre las dos potencias marítimas de la época, otorgando a los Reyes Católicos el derecho de posesión sobre las tierras halladas y por hallar al oeste de dicho meridiano, siempre que no pertenecieran a otro príncipe cristiano.
Sin embargo, Portugal no quedó conforme con la cercanía de la línea a sus posesiones africanas, lo que forzó la negociación directa con España para desplazar la frontera hacia el oeste en el Tratado de Tordesillas (1494), lo que irónicamente permitió que Brasil terminara siendo portugués.
La iglesia es la gran verdadera arquitecta civil del ordenamiento territorial en la Nueva España.
Antes de que existieran oficinas de catastro modernas, la Congregación de Indios (procesos de reubicación forzada entre 1550 y 1605) fue la herramienta clave para rediseñar el mapa. Aquí te detallo cómo la Iglesia gestionó ese «primer catastro» de facto:
8.El modelo de «Policía Cristiana»
Para la Iglesia, el territorio debía tener una lógica moral. La Congregación buscaba sacar a los indígenas de sus asentamientos dispersos (rancherías) para concentrarlos en Pueblos de Indios.
El impacto: Esto facilitó el censo de tributos y la vigilancia religiosa, pero también creó las primeras cuadrículas urbanas rígidas que definieron la propiedad privada frente a la comunal.
9.Los Libros Parroquiales como Registro Civil
En ausencia de un registro del Estado, los libros de bautismo, matrimonio y defunción eran la base de datos de la población.
Estos documentos determinaban quién tenía derecho a la tierra por herencia o por pertenencia a una cofradía. La Iglesia controlaba la identidad, y la identidad dictaba la posesión del suelo.
10.La Iglesia como Gran Latifundista
A través de mercedes reales, donaciones y legados testamentarios (capellanías y obras pías), la Iglesia acumuló extensiones masivas de tierra.
Para administrar esto, desarrollaron una burocracia administrativa superior a la del Virreinato, con mapas detallados y registros de linderos que servían como referencia legal en disputas de tierras.
11.Del «Tequitl» al Título de Propiedad
La Congregación rompió el sistema prehispánico de uso de suelo basado en el tributo (tequitl) y lo reemplazó por el concepto europeo de título. Los frailes a menudo actuaban como mediadores o escribanos, traduciendo la posesión ancestral a documentos escritos que el sistema legal colonial pudiera reconocer.
Cabe resaltar la Leyes de Burgos (1512): Las primeras ordenanzas para intentar regular el trato a los indígenas, estableciendo que debían ser concentrados en pueblos (reducciones) para facilitar su instrucción en la fe cristiana y el control de su trabajo. Aunque buscaban protegerlos, ratificaron el sistema de encomiendas, donde se asignaban grupos de nativos a colonos españoles para trabajar la tierra a cambio de protección y educación religiosa.
Los españoles administraron las tierras indígenas desde 1492 mediante la encomienda, repartimientos y composiciones, basándose en la explotación de mano de obra aborigen y la toma de control territorial. La mensura se realizaba para formalizar la propiedad colonial, consolidada a menudo a través de la ocupación sin títulos, lo que derivó en una estructura de tenencia desigual hasta el Tratado de Ryswick.
Tratado de Ryswick (1697): Este tratado puso fin a la guerra de los 9 años y formalizó la cesión de la parte occidental de la isla (actual Haití) a Francia, dividiendo la administración territorial tras décadas de inestabilidad y presencia francesa ilegal en el oeste.
Ese tratado fue el punto de inflexión legal para la isla. Aunque los franceses ya estaban asentados en el oeste (especialmente en la Isla de la Tortuga y la costa norte) desde hacía décadas, Ryswick obligó a España a reconocer esa realidad.
Lo curioso es que el tratado no trazó una frontera exacta de inmediato; eso tomó casi un siglo más hasta el Tratado de Aranjuez (1777). Ryswick simplemente aceptó que Francia tenía derecho a estar ahí, creando formalmente la colonia de Saint-Domingue, que luego se convertiría en la más rica del Caribe antes de la Revolución Haitiana.
El catastro colonial en Latinoamérica no existió como un sistema técnico unificado de registro de propiedades, sino como un conjunto de mecanismos jurídicos y administrativos orientados a la recaudación de tributos y al control de la tierra por parte de la Corona.
Las características principales de este sistema desde la colonización hasta la independencia fueron:
Origen en las Mercedes de Tierras
La propiedad se originaba exclusivamente a través de la voluntad real. El Rey, como dueño absoluto de los territorios conquistados, otorgaba Mercedes de Tierras a conquistadores y colonos como recompensa por sus servicios. Estas concesiones eran el primer «registro» formal de ocupación.
Dualidad de Tenencia: Privada y Comunal
El sistema colonial reconoció dos formas principales de posesión:
Propiedad Privada (Haciendas): Grandes extensiones de tierra otorgadas a españoles, que con el tiempo se consolidaron en latifundios.
Propiedad Comunal (Resguardos o Pueblos de Indios): Tierras asignadas a las comunidades indígenas para su subsistencia y para garantizar el pago del tributo a la Corona.
La «Composición» como Regularización
Ante la ocupación ilegal o informal de tierras baldías (pertenecientes a la Corona), se creó la figura de la Composición de Tierras. Este era un proceso jurídico mediante el cual el ocupante pagaba una suma de dinero a la Real Hacienda para obtener un título legal, funcionando como una forma primitiva de actualización catastral y fiscal.
Métodos de Medición Rudimentarios
A diferencia de los catastros modernos basados en geodesia, la medición colonial era imprecisa:
Se utilizaban unidades de medida variables como la caballería, la peonía o la vara.
Los límites se definían mediante hitos naturales (ríos, cerros) o linderos con vecinos, lo que generaba constantes pleitos territoriales.
Finalidad Fiscal y de Control Social
El registro de la tierra no buscaba proteger el derecho del propietario, sino:
Asegurar el cobro del quinto real y otros impuestos.
Vincular la tierra a la mano de obra a través de sistemas como la encomienda y el repartimiento, donde la tierra tenía valor principalmente si incluía indígenas para trabajarla.
Reformas Borbónicas (Siglo XVIII)
Hacia el final del periodo colonial, las Reformas Borbónicas intentaron modernizar la administración para aumentar la productividad y los ingresos fiscales, promoviendo una delimitación más estricta de las propiedades, aunque sin llegar a establecer un catastro técnico nacional.
Con los procesos de independencia a principios del siglo XIX, los nuevos Estados nacionales heredaron estos registros precarios y comenzaron la transición hacia sistemas de registro de propiedad y catastros republicanos para consolidar su soberanía territorial.
El sistema de medidas en la época colonial se caracterizó por su falta de uniformidad, basándose en estándares impuestos por la Corona Española (como la vara, la legua o la arroba) que variaban significativamente entre regiones. Esta diversidad no solo complicaba el comercio y la recaudación de impuestos, sino que reflejaba una organización social donde la precisión era secundaria frente a la costumbre local. En última instancia, la transición hacia el Sistema Métrico Decimal marcó el fin de una era de imprecisiones, permitiendo la integración de las economías locales en un mercado global más justo, eficiente y estandarizado.
Durante la época colonial, el sistema de medidas español era complejo y variaba significativamente por región hasta que se intentó una estandarización más rigurosa a finales del siglo XVIII y principios del XIX.
La Vara
Era la unidad básica de longitud. Aunque su valor varió según el lugar y la época (con más de 20 definiciones distintas en México y California), el estándar más aceptado fue la Vara de Burgos (o de Castilla).
Equivalencia estándar: Aproximadamente 0.8359 metros (o cerca de 33 pulgadas).
En Texas: Se estandarizó legalmente en 33 1/3 pulgadas (84.67 cm).
Subdivisiones: Se dividía comúnmente en 3 pies, 4 palmos o 36 pulgadas.
La Peonía y la Caballería
Estas eran unidades de superficie utilizadas para el reparto de tierras a los colonizadores, basadas en el rango militar de quienes las recibían.
Peonía: Era la porción de tierra otorgada a un soldado de infantería (peón). Incluía un solar para casa, tierras de labranza (unas 100 fanegadas de cereal) y pastos para una cantidad específica de ganado.
Caballería: Era la porción asignada a un jinete o caballero. Históricamente, era de dos a cinco veces más grande que una peonía.
Dimensiones comunes: En México, una caballería equivalía a unas 42.58 hectáreas(aproximadamente 1,104 x 552 varas).
Variaciones regionales: En Cuba se medía en unos 13.42 hectáreas, mientras que en otros lugares podía llegar hasta las 78.58 hectáreas.
En conclusión, la formación del catastro colonial y las congregaciones de indios consolidaron un modelo donde la Iglesia actuó como el principal gestor del espacio físico y social. A través de la preinscripción de propiedades, la institución eclesiástica transformó el uso ancestral del suelo en un sistema registral rígido. El uso de unidades de medida como la vara para la delimitación urbana, y la caballería o la peonía para la distribución agrícola, no solo permitió cuantificar la riqueza, sino que institucionalizó la jerarquía colonial sobre la tierra, dejando un legado administrativo que definió la tenencia rural durante siglos
¡¡¡Feliz y bendecido inicio de semana!!!
¡¡¡Grandes bendiciones, éxitos!!!
«Medir con Prudencia, Vivir con Propósito»
Como agrimensores, nuestra vida profesional se basa en la exactitud y el respeto por los límites. En esta Semana Santa, el llamado es a aplicar esa misma maestría en la precisión al conducir por nuestras carreteras.
Las autopistas, al igual que un levantamiento complejo, requieren nuestra total atención y respeto por las normas. No permitamos que la prisa borre los linderos de la seguridad. Que nuestra prudencia al volante sea el mejor instrumento para garantizar que todos regresemos a nuestros hogares.
Aprovechemos este espacio para recalibrar el espíritu, reflexionar sobre nuestras metas y valorar la tierra que pisamos, no solo como objeto de trabajo, sino como el escenario donde construimos nuestra historia junto a los que amamos.
¡Feliz y seguro descanso para todos!